Más personas toman medicamentos para tratar la ansiedad, aunque el gobierno se burla de ellos

Después de un año agotador de quimioterapia, cirugía y radiación para tratar un cáncer de mama, Sadia Zapp se sentía ansiosa. No era la inquietud manejable que había sido parte de su vida durante años, sino algo más profundo y difícil de ignorar.

Dijo que “cada pequeña molestia, como un dolor de rodilla,  le hacía pensar: este es el final del camino para mí”.

Así que Zapp, de 40 años, directora de comunicaciones en Nueva York, se convirtió en una de los millones de estadounidenses que comenzaron a tomar medicamentos para la ansiedad (ansiolíticos) en los últimos años. En su caso, fue Lexapro, un fármaco que aumenta la producción de serotonina.

“Me encanta. Ha sido excelente”, dijo. “Realmente me ha ayudado a manejarla”.

La proporción de adultos en el país que tomaron medicamentos para la ansiedad aumentó de 11,7% en 2019 a 14,3% en 2024, y la mayor parte del incremento se registró durante la pandemia de covid, según datos de encuestas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

Eso representa 8 millones de personas más, un total aproximado de 38 millones, con aumentos marcados entre adultos jóvenes, personas con título universitario y adultos que se identifican como LGBTQ+.

Aunque los medicamentos psiquiátricos han ganado aceptación pública y son más fáciles de conseguir mediante citas de telemedicina, el aumento en el uso de una clase de antidepresivos llamados inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, conocidos como ISRS, ha generado críticas de partidarios del movimiento “Make America Healthy Again” (MAHA), quienes sostienen que son perjudiciales.

Médicos e investigadores dicen que medicamentos como Prozac, Zoloft y Lexapro son tratamientos de primera línea para muchos trastornos de ansiedad, incluidos el trastorno por ansiedad generalizada y el trastorno de pánico, y que han sido presentados de forma incorrecta como adictivos y dañinos en general, a pesar de que se ha demostrado que son seguros para uso prolongado.

Robert F. Kennedy Jr., secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés), ha criticado el uso creciente de los ISRS. Durante su audiencia de confirmación el 29 de enero, dijo que conoce personas, incluidos familiares, a quienes les resultó más difícil dejar los ISRS que dejar la heroína. Más recientemente, afirmó que su agencia estudia un posible vínculo entre el uso de ISRS y otros medicamentos psiquiátricos y comportamientos violentos como tiroteos escolares.

Marty Makary, comisionado de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés), también ha sugerido que el uso de los ISRS en mujeres embarazadas podría provocar malos resultados en el nacimiento.

Los efectos secundarios comunes de los ISRS incluyen malestar estomacal, dificultad para concentrarse y fatiga. Algunos también pueden reducir la libido y causar otros efectos sexuales secundarios.

Para muchas personas, sin embargo, los efectos secundarios son leves y tolerables, y los beneficios de tratar la ansiedad crónica lo compensan, señaló Patrick Kelly, presidente de la Sociedad Psiquiátrica del Sur de California. “Las declaraciones sobre los ISRS simplemente no estaban basadas en ningún tipo de evidencia o hecho”, dijo Kelly sobre los comentarios de Kennedy.

Un estudio reciente mostró que más de la mitad de las personas con trastorno por ansiedad generalizada que tomaban un ISRS vieron reducidos sus síntomas de ansiedad al menos en un 50%. Los efectos secundarios llevaron a aproximadamente 1 de cada 12 personas a dejar de usar el medicamento.

“Cuando se hace de manera adecuada y también se utilizan técnicas de terapia apropiadas, los ISRS pueden ser realmente muy útiles”, dijo Emily Wood, psiquiatra que ejerce en Los Ángeles.

MAHA atribuye la ansiedad a una mala alimentación y a la falta de ejercicio

Los partidarios de MAHA han atribuido en parte el aumento de varios problemas de salud, incluidos la ansiedad, la depresión y otros trastornos de salud mental, a malas decisiones alimentarias y a un estilo de vida sedentario. Como solución, han propuesto medidas como reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, que estudios recientes han vinculado con la depresión y la ansiedad, y disminuir el tiempo frente a pantallas a favor del ejercicio.

Los psiquiatras suelen recomendar una alimentación saludable y ejercicio como terapia complementaria para la ansiedad y la depresión. Wood dijo que los que pueden manejar la ansiedad sin medicamentos también deberían considerar la terapia de conversación. La proporción de adultos en Estados Unidos que utilizan consejería en salud mental aumentó entre 2019 y 2024 a medida que la teleterapia ganó popularidad, según datos federales. “Los trastornos de ansiedad están entre los trastornos psiquiátricos que mejor responden a la terapia cognitivo-conductual”, dijo.

Pero los medicamentos pueden ayudar.

Estudios muestran que los riesgos de tomar ISRS durante el embarazo son bajos para la madre y el bebé. En contraste, “la depresión aumenta el riesgo de casi todas las complicaciones para la madre y el bebé”, expresó Wood, y agregó que declaraciones recientes de funcionarios del gobierno sobre el uso de ISRS durante el embarazo “podrían estar causando un daño real a estas mujeres”.

Algunas personas que dejan de tomar antidepresivos experimentan náuseas, insomnio u otros síntomas, especialmente si los suspenden de forma repentina. Pero “el concepto de adicción simplemente no se aplica a estos medicamentos”, dijo Kelly, una afirmación respaldada por estudios.

La adicción sí es posible con benzodiacepinas como Xanax, que a menudo son un tratamiento de segunda línea para la ansiedad. Estas sustancias controladas también pueden aumentar el riesgo de sobredosis de opioides en pacientes que toman ambos tipos de medicamentos. Durante audiencias en el Congreso el año pasado, Kennedy también criticó el uso excesivo de benzodiacepinas como un problema.

Aunque las benzodiacepinas son efectivas a corto plazo, requieren supervisión y cuidado, dijo Wood.

“Son medicamentos muy útiles para la ansiedad aguda y no son adecuados como tratamiento a largo plazo, porque pueden generar dependencia con el tiempo”, explicó Wood. “Si se toman a diario, se necesita cada vez más para lograr el mismo efecto y luego hay que reducir la dosis de manera gradual”.

Un número creciente de personas también toma ocasionalmente betabloqueantes como el propranolol para la ansiedad. Algunas las usan para prevenir el ritmo cardíaco acelerado antes de un discurso público u otros momentos importantes, aunque no están aprobadas por la FDA para tratar la ansiedad y se usan por fuera de lo que indica la receta.

Los betabloqueantes pueden causar mareos y fatiga, pero “no generan adicción, son útiles para reducir la activación del sistema nervioso autónomo, pasar de la respuesta de lucha o huida a un estado más neutral y son seguros”, dijo Wood.

Cambios sociales impulsan el aumento en el uso de estos medicamentos

Un número de teorías podrían explicar por qué muchas más personas están tomando medicamentos para la ansiedad, entre ellas un mayor uso de redes sociales, más aislamiento y mayor incertidumbre económica, según médicos e investigadores.

Además, los medicamentos son relativamente fáciles de obtener. Muchas personas reciben recetas de ISRS y benzodiacepinas de su médico de atención primaria. Otras, después de una breve cita de teleterapia.

Muchos influencers en redes sociales hablan sobre sus problemas de salud mental, lo que ha reducido el estigma entre los jóvenes y los anima a buscar ayuda. Aproximadamente un tercio de los adolescentes en un estudio reciente dijo que busca información sobre salud mental a través de redes sociales.

Aun así, el mayor acceso a medicamentos para la ansiedad puede ser problemático cuando se combina con una tendencia a autodiagnosticarse basada en información en redes sociales. Una búsqueda en Google de “buy Xanax online” muestra promesas patrocinadas de tratamiento el mismo día, aunque la letra pequeña aclara que no se garantiza una receta.

“Creo que un mayor acceso es algo positivo, pero no es lo mismo que, por ejemplo, pedir Xanax por internet”, dijo Kelly.

Los adultos jóvenes impulsan en gran medida el aumento en el uso de medicamentos para la ansiedad. La proporción de estadounidenses de 18 a 34 años que los toman aumentó de 8,8% en 2019 —el primer año en que estos datos estuvieron disponibles— a 14,6% en 2024. En contraste, la tasa cambió poco entre los adultos de 65 años o más, según datos de los CDC.

La pandemia y los confinamientos por covid aumentaron de forma importante el estrés entre muchos adultos, en especial los jóvenes.

Los datos también muestran que más mujeres que hombres toman medicamentos para la ansiedad.

Jason Schnittker, jefe de departamento y profesor de Sociología en la Universidad de Pennsylvania, dijo que esto se debe a que es más probable que los necesiten. También es más probable que las mujeres digan cuando se sienten ansiosas, y los médicos “tienden a identificar la ansiedad con mayor facilidad en sus pacientes mujeres que en sus pacientes hombres”, añadió Schnittker.

También podrían influir tendencias más amplias. Schnittker señaló que estudios han mostrado que la ansiedad se ha vuelto más común entre generaciones sucesivas durante gran parte del siglo XX y el siglo XXI. Autor de Unnerved: Anxiety, Social Change, and the Transformation of Modern Mental Health, dijo que el aumento de la desigualdad de ingresos podría ser un factor, ya que las personas sienten presión por mejorar su situación económica. Las actividades sociales y religiosas han sido reemplazadas por un mayor aislamiento. Y las personas se han vuelto más desconfiadas de los demás, lo que crea una sensación de inquietud frente a extraños.

Para Zapp, sobreviviente de cáncer, pasaron algunos meses tomando Lexapro antes de notar resultados claros. Cuando ocurrió, dijo, sintió que su mente estaba menos saturada, lo que le facilitó concentrarse. También recibió terapia, pero ahora su ansiedad crónica está estabilizada solo con el medicamento.

“Definitivamente me ayudó a volver a mi rutina diaria de una manera productiva y no simplemente llena de ansiedad durante todo el día”, dijo.

Holly Hacker, Maia Rosenfeld y Lydia Zuraw, de KFF Health News, contribuyeron con este artículo.

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